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INMUNOLOGÍA

Publicada el 1 de marzo de 20261 de marzo de 2026 por Alberto

Todos los seres vivos poseen sistemas para reconocer a agentes patógenos o células ajenas; tratan de mantener el equilibrio de su medio interno, preservando su identidad y, para ello, resulta imprescindible diferenciar lo propio de lo extraño. A lo largo de la historia evolutiva, han surgido numerosos y complejos mecanismos inmunológicos. Todos los seres pluricelulares han desarrollado estrategias para comunicar la presencia de patógenos o moléculas extrañas y activar así sus mecanismos de defensa. Los vertebrados han llegado a desarrollar moléculas de enorme especificidad, los anticuerpos.
El sistema inmunitario resulta fundamental para la adaptación de todos los seres vivos al ambiente. La inmunología comparada estudia el origen y la evolución del sistema inmune y su propósito es determinar qué es lo general de la respuesta inmune y qué es lo específico de cada especie.

1. MECANISMOS DE DEFENSA NATURALES DEL CUERPO
El cuerpo humano está expuesto continuamente a microorganismos perjudiciales y partículas extrañas, pero posee sistemas defensivos con los que hacer frente a los patógenos.
La inmunología estudia los mecanismos fisiológicos de defensa de la integridad biológica del organismo. Dichos mecanismos consisten básicamente en la identificación y tolerancia ante lo que es propio y la destrucción de lo extraño.
Se conoce como inmunidad el estado de resistencia, natural o adquirida, del organismo frente a determinadas acciones patógenas de microorganismos o sustancias extrañas.
La inmunidad también se define como la respuesta específica de un organismo ante la acción de antígenos.
Los antígenos
Un antígeno es cualquier molécula que un organismo reconoce como extraña y que desencadena una respuesta inmunitaria. Es decir, son moléculas con inmunogenicidad, capacidad para activar el sistema inmune.
Según su origen, los antígenos pueden clasificarse en:

  • Xenoantígenos o heteroantígenos: son moléculas pertenecientes a otra especie distinta del receptor, como por ejemplo moléculas de la superficie de una bacteria o de un virus, toxinas, etc.
  • Aloantígenos: moléculas de otro individuo de la misma especie, como por ejemplo los antígenos A y B de la membrana de los eritrocitos.
  • Autoantígenos: moléculas propias que, en estados patológicos, el sistema inmune identifica como extrañas, creando enfermedades autoinmunes.

En el siguiente cuadro podemos ver los principales mecanismos de defensa del cuerpo humano:

1.1 Mecanismos de defensa inespecíficos
La primera línea de defensa está formada por las barreras primarias, que tratan de impedir la entrada de cualquier agente extraño; si este logra superar dichas barreras, intervendrá el sistema inmune.
Se denominan mecanismos de defensa inespecíficos a aquellos que actúan contra agentes patógenos en general (protozoos, bacterias, virus, células dañadas, etc). Confieren inmunidad innata, ya que se trata de una primera línea defensiva que se tiene desde el nacimiento.
Los mecanismos de defensa inespecíficos incluyen las barreras primarias y la respuesta inmune inespecífica, que podemos denominar barreras secundarias.
A. Barreras primarias
Las barreras primarias son un conjunto de barreras físicas, químicas y microbiológicas que tratan de impedir que los microbios alcancen el medio interno.
Entre las barreras primarias destacan las siguientes:

  • La piel. En ausencia de heridas es una protección muy eficaz. La epidermis está formada por varias capas de células superpuestas; además, sufre una renovación constante, desprendiéndose de las células muertas superficiales y, con ellas, de gran parte de los microbios de la superficie. La piel tiene además un pH ácido y un ambiente seco que inhiben el crecimiento bacteriano.
  • Las mucosas forman una barrera menos resistente que la piel, que recubre el tracto respiratorio, el digestivo y el genital. Están provistas de sistemas de defensa complementarios. Aquí encontramos un componente muy importante, que son los cilios, los cuales podemos definir como prolongaciones móviles de la superficie de las células, mueven el mucus que atrapa las partículas extrañas hacia la parte superior de la tráquea, desde donde pasa la faringe y de ahí al estómago. El HCl del estómago se encarga de destruirlas.
  • Secreciones diversas, tales como las lágrimas (poseen lisozima que ataca a las bacterias), el mucus que ya hemos mencionado, el HCl del estómago, el cerumen del oído o el flujo vaginal (que mantiene el pH ácido en el interior de la vagina, protegiéndola de la proliferación de microbios patógenos).
  • La microbiota normal, que es la población de microorganismos simbióticos y comensales que habitan la piel y las mucosas, forma una barrera ecológica que, por competencia, impide que se instalen y proliferen bacterias patógenas.

B. Barreras secundarias: la respuesta inmune inespecífica
Si los microbios logran traspasar las barreras primarias entran en contacto con el medio interno. Entonces, intervienen las barreras secundarias, que, al igual que las primarias, son inespecíficas. Los mecanismos básicos de esta respuesta inmune inespecífica son:

  • La fagocitosis.
  • La inflamación.
  • El sistema del complemento.
  • El interferón.
  • Las células NK.

Antes de detallar cada mecanismo, es necesario recordar qué células forma parte del sistema inmune:

Fagocitosis
La fagocitosis es uno de los mecanismos básicos de la respuesta inmune inespecífica, siendo una de las formas de la endocitosis, proceso mediante el cual las células captan partículas del entorno. Los principales fagocitos son los macrófagos, junto con los neutrófilos. El proceso tiene lugar en varias etapas, tal como se muestra en la siguiente figura:

Inflamación
La inflamación consiste en una serie de procesos secuenciales en el tejido dañado que tienen como objetivo, en primer lugar, detectar, aislar y eliminar el agente dañado. Posteriormente, restaurar el tejido dañado.
La inflamación es una respuesta inespecífica del sistema inmune ante un daño en el organismo. El daño puede ser de distinta naturaleza: daño mecánico (un golpe o fractura), químico (contacto con sustancia agresiva) o infeccioso (microbios).
El proceso inflamatorio se desencadena en varias etapas:

  1. El daño y la entrada de microbios actúan como estímulo. Las células dañadas liberan sustancias denominadas mediadores de la inflamación (histamina, serotonina, prostaglandinas E2, etc.) que actúan como vasodilatadores y mensajeros químicos.
  2. Como consecuencia, se producen diversos efectos: aumento de los leucocitos circulantes; vasodilatación y aumento de la permeabilidad de los capilares sanguíneos en la zona; aumento del flujo sanguíneo local y salida de plasma de los capilares, que producen un edema local (la zona está enrojecida e hinchada).
  3. Fagocitosis de microbios y células dañadas.
  4. Se forma un edema duro debido a la coagulación del plasma extracapilar, que aísla la lesión.
  5. Pasados unos días, puede quedar una cavidad que contiene fagocitos muertos (pus).
  6. Regeneración celular en la zona para sustituir las células dañadas.

Sistema del complemento
El sistema del complemento está formado por el conjunto de unas proteínas presentes en el plasma sanguíneo; pertenecen inactivas y se activan en respuesta a la presencia de componentes moleculares de microorganismos; producen una cascada enzimática que provoca una amplificación de la respuesta inmunitaria.
Entre los efectos de la activación del complemento están los siguientes:

  • Lisis celular del microorganismo o de la célula infectada, debido a que se abren grandes poros en las membranas que alteran el equilibrio osmótico.
  • Estimulación de la fagocitosis mediante opsonización, marcaje de las bacterias e incremento de la quimiotaxis de las células fagocíticas.
  • Amplificación de la respuesta inmune humoral (específica).

La falta de activación del sistema del complemento provoca deficiencias en la respuesta inmune, pero su activación en exceso también puede resultar perjudicial para el organismo.

Interferón
El interferón pertenece a las llamadas citocinas, péptidos de pequeño tamaño que las células utilizan para la comunicación intercelular.
Los interferones están presentes en el plasma sanguíneo, no producidos, sobre todo, por las células NK y los linfocitos T, entre otras células.
Cuando una célula resulta infectada por un virus, secreta interferones, que actúan como señales de alerta en las células cercanas, en las cuales activan las defensas antivirales, con el fin de frenar la multiplicación del virus.

Células NK (natural killer) o asesinas naturales
Son linfocitos que se consideran parte del sistema inmune innato. Identifican y destruyen células infectadas por virus o tumorales; además producen y secretan citocinas como el interferón.

1.2 Mecanismos de defensa específicos: la respuesta inmune específica
La respuesta inmune específica es la respuesta concreta que se da a un antígeno particular, concreto. La lleva a cabo los linfocitos T y B y los anticuerpos (proteínas segregadas por los linfocitos B), que circulan por los vasos sanguíneos y linfáticos. Ante una agresión, se desplazan por el sistema circulatorio hasta el órgano afectado. Aunque hay linfocitos en todos los órganos, además de la sangre, en la linfa y en el líquido intersticial, se concentran en determinados lugares, denominados órganos linfoides, como veremos en la siguiente imagen:

A. Linfocitos T y B
Los linfocitos T y B son los responsables de la respuesta inmune específica. Están provistos de receptores para cada antígeno y dan una respuesta específica a cada uno de ellos.

B. Anticuerpos
Los anticuerpos o inmunoglobulinas (Ig) son proteínas con conformación globular, producidas por los linfocitos B maduros (células plasmáticas) como respuesta a la presencia de un antígeno.
Estructura de los anticuerpos
Constan de 4 cadenas polipeptídicas, iguales dos a dos y unidas entre sí por puentes disulfuro. Poseen dos cadenas largas, pesadas (cadenas H) y dos cadenas cortas, ligeras (cadenas L). En ellas se diferencia una región constante y una región hipervariable o parátopo, zona de reconocimiento y unión específica al antígeno.

Reacción antígeno-anticuerpo
Cuando entra en contacto un antígeno con el anticuerpo específico, se unen mediante un enlace no covalente. Esa unión es específica y desencadena una serie de procesos capaces de neutralizar o eliminar el antígeno. Las reacciones más comunes son las siguientes:

C. Etapas de la respuesta inmune específica
Los mecanismos de defensa específicos incluyen dos tipos respuesta:

  • Respuesta celular: consiste en la proliferación de los linfocitos T específicos contra un antígeno.
  • Respuesta humoral: consiste en la producción de anticuerpos específicos contra un antígeno por parte de los linfocitos B.

En ambos casos, la respuesta implica 3 etapas: Identificación y reconocimiento del antígeno, activación de los linfocitos T y B, y desencadenamiento de las respuestas humoral y celular.

Características de la respuesta inmune específica

  • Especificidad: tiene una respuesta para cada antígeno.
  • Diversidad: la enorme diversidad de linfocitos se debe a la existencia de tres familias génicas de receptores que, mediante recombinaciones génicas, producen cientos de millones de anticuerpos y de receptores de células T diferentes, de modo que pueden reconocer a prácticamente cualquier antígeno que exista.
  • Memoria: la respuesta posee memoria; al final, queda linfocitos T y B de memoria sensibilizados contra un antígeno concreto.

Respuesta inmune primaria y secundaria
Se denomina respuesta inmune primaria la que se produce en un primer contacto con el antígeno. Mientras que la respuesta inmune secundaria es la que se da en contactos posteriores con el mismo antígeno.
En ambos casos, distinguimos 3 etapas, en relación con la producción de anticuerpos y de linfocitos T: la fase de latencia, que es el tiempo que tarda en producirse la activación de los linfocitos; le sigue la fase de crecimiento, en la que la cantidad de anticuerpos aumenta. La respuesta inmune finaliza con la fase de decrecimiento, en la que disminuye la cantidad de anticuerpos específicos.

Entre ambas respuestas hay diferencias notables, puesto que en la respuesta inmune secundaria ya hay linfocitos T y B de memoria, por lo que la fase de latencia es muy corta o inexistente; el crecimiento de la producción de anticuerpos es mucho mayor y el decrecimiento mucho más lento y sostenido en el tiempo. En la secundaria predominan las IgG, mientras que en la primaria las IgM.
Claramente la respuesta inmune secundaria es más rápida, intensa y duradera que la primaria.

2. TIPOS DE INMUNIDAD
La inmunidad puede presentarse en diversas formas. Hablamos así de inmunidad innata o de inmunidad adquirida, según si está desde el nacimiento o requiere tiempo y contacto con los antígenos para desarrollarse. También podemos establecer la diferencia entre inmunidad pasiva o activa, según si las defensas vienen dadas o debe producirlas el propio cuerpo. El siguiente esquema muestra las principales formas de inmunización.

2.1 Inmunidad artificial: sueros y vacunas
La ciencia ha realizado grandes avances en la prevención y el tratamiento de las enfermedades infecciosas. De estos avances, los sueros y las vacunas actúan como mecanismos de inmunización artificial.

3. Enfermedades infecciosas
Las enfermedades infecciosas afectan a millones de personas, sobre todo en países con sistemas de salud precarios; además, asistimos al resurgir de enfermedades que se consideraban controladas, a la vez que emergen otras nuevas.
El término infección se define como la presencia y multiplicación de un microorganismo patógeno o potencialmente patógeno en tejidos, fluidos o cavidades del organismo normalmente estériles.
El desarrollo de la enfermedad infecciosa dependerá tanto de la patogenicidad o virulencia del microorganismo como de la respuesta inmune innata y adaptativa del huésped, que puede lograr o no, eliminar la infección.
Los principales agentes causantes de las enfermedades infecciosas humanas son: microorganismos eucariotas (hongos y protozoos), bacterias, virus y priones.

  • Hongos y protozoos, eucariotas unicelulares.
  • Bacterias, grampositivas y gramnegativas.
  • Virus. Parásitos intracelulares obligatorios. Acelulares, formados básicamente por un ácido nucleico (ADN o ARN) y una cápside proteica que lo protege que, en conjunto, forma la nucleocápside. Los denominados virus envueltos poseen además una envoltura externa que procede de la membrana de la célula infectada, modificada con proteínas víricas.
  • Priones. Simples proteínas alteradas, que han adquirido capacidad infectiva y que inducen un cambio en la conformación en las proteínas normales. Se relacionan con enfermedades degenerativas del sistema nervioso como la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob.

3.1 Etapas de las enfermedades infecciosas
La enfermedad infecciosa se desarrolla en varias etapas:

  1. Entrada en el huésped: Las principales vías de entrada son:
    • Contacto directo con la superficie corporal.
    • Inhalación de microbios que están en suspensión en el aire.
    • Ingestión de agua o alimentos contaminados.
    • Heridas, inyecciones o picaduras de animales vectores (mosquitos, chinches, pulgas, garrapatas, etc.)
  2. Adherencia del microorganismo a los tejidos: El patógeno se une mediante moléculas propias que globalmente se denominan adhesinas, entras quese incluyen las fimbrias de las bacterias, proteínas de la cápside viral, lípidos, etc., que se unen a receptores específicos de las células huésped.
  3. Multiplicación: Los virus necesitan penetrar en las células para multiplicarse. Bacterias, protozoos y hongos deben encontrar un ambiente apropiado en el hospedador para tener éxito en la multiplicación. Algunos patógenos pueden multiplicarse en la sangre y provocar una infección generalizada denominada septicemia.
  4. Evasión de la respuesta inmunitaria: Muchos microorganismos han desarrollado estrategias para evadir las defensas del organismo huésped, ya que pueden ocultarse del sistema inmunitario, interferir en el funcionamiento del sistema inmune o destruir algunos de los elementos del sistema inmune.
  5. Invasión tisular y daño celular: El daño en el órgano invadido puede producirse por mecanismos diversos, según el tipo de agente patógeno. Algunos virus destruyen las células en las que se multiplican; en otros casos, es la proliferación de bacterias y hongos la que bloquea el funcionamiento normal de órganos invadido.
    En algunos infecciones se producen toxinas (venenos), como suele habitual con la toxina botulínica, que inhibe la contracción muscular, o la toxina colérica que provoca la secreción activa de agua e iones (diarrea secretora).

3.2 Prevención de las enfermedades infecciosas
La prevención de infecciones endógenas, causadas por microorganismos oportunistas, pertenecientes a la microbiota normal, requiere un buen estado del sistema inmunitario y de las barreras primarias, como la piel y las mucosas.
En el caso de infecciones exógenas, causadas por microorganismos del entorno (aire, suelo, animales o personas portadoras), las medidas preventivas dependerán de la vía de contagio: fecal-oral (agua o alimentos contaminados), aérea (secreciones respiratorias), picaduras, mordeduras, transfusiones, placentaria, sexual, etc.
La vacunación se ha demostrado como la medida más efectiva para frenar la expansión de las enfermedades infecciosas, al aumentar la capacidad del organismo para defenderse de los patógenos.

3.3 Diagnóstico de las enfermedades infecciosas
En primer lugar, será necesario valorar los síntomas y los factores de riesgo, tales como los siguientes:

  • Fiebre y otros síntomas: La fiebre se considera el síntoma principal de una infección, pero no se da siempre y no siempre indica infección. El grado y el patrón que sigue (en picos, intermitente, continua, etc.), junto con otros síntomas, ayuda al diagnóstico.
  • Factores de riesgo epidemiológico, relacionados con las vías de transmisión, tales como:
    • Viajes a zonas con enfermedades endémicas.
    • Ingesta de agua o alimentos contaminados.
    • Contacto con animales relacionados con la zoonosis.
    • Prácticas sexuales de riesgo (ETS).
    • Contacto con otras personas enfermas.
  • Factores de riesgo generales:
    • Enfermedades crónicas subyacentes.
    • Tratamientos previos con inmunosupresores o antibióticos.
    • Intervenciones invasivas: hemodiálisis, cateterismo, prótesis, endoscopias, etc.

Si se confirma la existencia de una infección, es necesario identificar al agente causante para determinar el tratamiento. Las muestras pueden someterse a diferentes técnicas de identificación:

  • Cultivo.
  • Observación al microscopio.
  • Detección de componentes del microorganismo: antígenos o ácidos nucleicos.
  • Detección de productos: toxinas.
  • Detección de anticuerpos.

3.4 Tratamiento de las enfermedades infecciosas
Los antibióticos son medicamentos antibacterianos, es decir, combaten infecciones causadas por bacterias en los seres humanos y los animales. Se obtienen de bacterias, de hongos o se sintetizan. Poseen diversos mecanismos de acción, entre ellos: inhibición de la formación de la pared celular durante la división de la célula bacteriana, aumento de la permeabilidad de la membrana celular o interferencia con procesos metabólicos de las bacterias.
La resistencia a los antibióticos se ha convertido en un problema de salud mundial. Una bacteria sensible a un antibiótico puede adquirir resistencia mediante mutación o transferencia horizontal de genes desde una bacteria resistente. El uso de antibióticos contribuye al desarrollo de resistencias, elimina a las bacterias no resistentes y aumenta así la proporción de bacterias resistentes de la población. Estos fármacos tienen, además, efecto sobre la microbiota normal, eliminando las bacterias sensibles y convirtiendo a las resistentes en un reservorio de genes de resistencia que posteriormente pueden transmitirse a las patógenas.
Los antivirales son fármacos utilizados para combatir a los virus; dado que estos son parásitos intracelulares obligados, los antivirales actúan sobre diferentes fases del ciclo de multiplicación vírica: bloqueando la entrada en la célula hospedadora, la replicación en su interior o la salida de los nuevos viriones para infectar otras células.

4. PATOLOGÍAS DEL SISTEMA INMUNE
Hemos visto anteriormente como el sistema inmune es nuestra defensa natural contra las enfermedades infecciosas, pero en ocasiones se presentan patologías que alteran su funcionamiento. Las disfunciones del sistema inmunitario pueden deberse tanto a causas intrínsecas como extrínsecas.
Entre las alteraciones del sistema inmune están la hipersensibilidad, la autoinmunidad y las inmunodeficiencias.

4.1 Hipersensibilidad
Consiste en la producción de una respuesta inmune inadecuada y exagerada ante un antígeno inocuo. Existen varios tipos, la más común es la que conduce a la reacción alérgica o hipersensibilidad de tipo I.
Las sustancias que provocan la reacción alérgica se conocen como alérgenos (polen, polvo, ácaros, veneno de abejas o avispas, medicamentos, etc.).
Los alérgenos son moléculas inocuas para las personas sanas, pero que en las personas alérgicas estimulan estimulan la producción de anticuerpos especiales: inmunoglobulinas E (IgE).
Las IgE poseen la capacidad de activar determinadas células como los mastocitos, que liberan mediadores de la inflamación. La reacción alérgica se produce en dos fases:

4.2 Autoinmunidad
Una característica distintiva del sistema inmune es la capacidad para discriminar entre lo propio y lo extraño, y de mantener la tolerancia frente a antígenos propios (proteínas del CMH), así como de generar una respuesta inmune eficaz contra patógenos y células malignas.
Durante el proceso de maduración, los linfocitos T y B desarrollan autotolerancia, y los linfocitos que muestran autorreactividad son eliminados.
La autoinmunidad surge cuando, bajo ciertas circunstancias, se produce una pérdida de la autotolerancia, o los linfocitos autorreactivos no son convenientemente eliminados y se multiplican; de este modo, se desencadenan las enfermedades autoinmunes como el lupus, la esclerosis múltiple, la celiaquía, la artritis reumatoide, etc.

Las causas todavía se desconocen, pero se relacionan con factores genéticos, hormonales, ambientales y con determinados agentes infecciosos. Los virus, ciertos productos químicos y otros elementos en el medio ambiente pueden desencadenar una enfermedad autoinmune si la persona posee los genes que la predisponen a ello.

4.3 Inmunodeficiencias
Una inmunodeficiencia consiste en la incapacidad del sistema inmune para desarrollar una respuesta inmune adecuada ante la presencia de un antígeno, debido a la disfunción de alguno de sus componentes.
Las personas con una inmunodeficiencia presentan una elevada tendencia a contraer infecciones de origen vírico, bacteriano, fúngico, etc. Pueden presentar infecciones de microorganismos que raramente causan enfermedades y son más propensas a padecer procesos oncológicos.
Según la causa que la origine, las inmunodeficiencias se agrupan en:

  • Inmunodeficiencias primarias o congénitas, originadas por defectos del sistema inmune de origen genético.
  • Inmunodeficiencias secundarias o adquiridas, causadas por agentes externos como fármacos usando en quimioterapia, virus como el VIH, irradiación, desnutrición, etc. Son más frecuentes que las primarias.

A. Inmunodeficiencias primarias
Son defectos de la respuesta inmunológica producidos por errores congénitos y a menudo hereditarios, de algunos de los mecanismos necesarios para responder a las agresiones de los agentes infecciosos. Se manifiestan con enfermedades infecciosas graves y repetitivas en la infancia. Se trata de un grupo heterogéneo de más de 300 enfermedades.
Algunos ejemplos pueden ser los que se citan a continuación:

  • Inmunodeficiencias combinadas de las células T y B, como la inmunodeficiencia combinada grave o «niño burbuja», llamada así porque el paciente debe mantenerse aislado, evitando cualquier contacto con el exterior.
  • Déficits de la producción de anticuerpos o hipogammaglobulinemias, como la enfermedad de Bruton, inmunodeficiencia común variable, etc.
  • Enfermedad granulomatosa crónica, ligada al cromosoma X, que afecta principalmente a los fagocitos, y se caracteriza por una elevada susceptibilidad a infecciones fúngicas y bacterianas graves y recurrentes.

Entre los signos de alarma de las inmunodeficiencias primarias más características veremos las siguientes:

  1. Cuatro o más infecciones de oídos nuevas en un año.
  2. Dos o más infecciones de senos paranasales graves en un año.
  3. Dos meses o más de tratamiento con antibióticos con escaso efecto.
  4. Dos neumonías en un año.
  5. Dificultad de un bebé o niño pequeño para aumentar de peso y crecer normalmente.
  6. Abscesos en órganos o abscesos cutáneos profundos recurrentes.
  7. Aftas persistentes en la boca o infecciones micóticas en la piel.
  8. Necesidad de recibir antibióticos intravenosos para eliminar infecciones.
  9. Dos infecciones profundas o más, incluída la septicemia.
  10. Antecedentes familiares de inmunodeficiencias primarias.

B. Inmunodeficiencias secundarias
Pueden producirse por causas diversas, tales como las siguientes:

  • Enfermedades prolongadas, crónicas o graves, como diabetes o cáncer.
  • Determinados fármacos (inmunosupresores en trasplantes, para disminuir el rechazo o en enfermedades autoinmunes).
  • Ocasionalmente, la quimioterapia o la radioterapia.

SIDA: Síndrome de inmunodeficiencia adquirida
El sida es una inmunodeficiencia producida por la infección del VIH (virus de la inmunodeficiencia humana). El VIH pertenece a la familia de los retrovirus, caracterizados por poseer ARN como material genético y una enzima, la transcriptasa inversa, que permite sintetizar ADN tomando ARN como molde.
El VIH destruye gradualmente el sistema inmunitario al atacar y destruir, fundamentalmente, los linfocitos CD4, primordiales en la respuesta inmune específica.
Utiliza los linfocitos T CD4 para multiplicarse. Este proceso se realiza en las siguientes etapas:

  1. Reconocimiento y adhesión a receptores específicos de la membrana celular de los linfocitos CD4.
  2. Entrada en la célula mediante fusión de la envoltura vírica con la membrana celular.
  3. Decapsidación y liberación del ARN vírico y enzimas como la transcriptasa inversa.
  4. Transcripción inversa: síntesis de ADN vírico tomando el ARN como molde.
  5. Integración en el ADN celular, una vez obtenido ADN vírico de doble cadena.
  6. Activación de la transcripción y la traducción: síntesis de nuevas moléculas de ARN y de proteínas del virus.
  7. Ensamblaje de nuevos virus y salida, en la que adquieren la envoltura.

5. SISTEMA INMUNE Y TRASPLANTES
Se conoce como trasplante o injerto la sustitución de un órgano o tejido enfermo de una persona receptora por uno sano aportado por un donante.
Según el origen del órgano o tejido, podemos diferenciar 4 tipos:

  • Autotrasplante: procede del mismo individuo.
  • Isotrasplante: procede de un gemelo idéntico.
  • Alotrasplante: procede de un individuo genéticamente distinto.
  • Xenotrasplante: procede de un ser de otra especie.

El rechazo de una respuesta inmune del receptor contra moléculas que identifica como extrañas en el tejido u órgano trasplantado. Los autotrasplantes e isotrasplantes no presentan rechazo, puesto que no poseen antígenos diferentes.
En las transfusiones de sangre los antígenos AB0 y Rh determinan la compatibilidad entre donante y receptor.
En los trasplantes de tejidos y órganos sólidos, las moléculas del CMH de clase I y II, con un gran polimorfismo, son las causantes del rechazo.

Para prevenir el rechazo, se realiza una selección de donante y receptor con la mayor histocompatibilidad posible; además, se suministran fármacos inmunosupresores que mitigan la respuesta inmunitaria del receptor.

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